EL
PRINCIPITO
Antoine
de Saint
“Las
personas mayores nunca pueden comprender algo por si solas y es muy aburrido
para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”
Recuerdo que cuando era
niño, me gustaba mucho bailar, ver programas culturales y cosas afines, para mi
padre, y demás personas adultas esto era
algo “raro” por así decirlo ya que decían que no es normal que un niño de mi edad (entre 6 y 12 años) se interesara por algo tan aburrido como eso,
me decían que saliera a jugar futbol, con la bicicleta o jugara algo acorde con
mi edad pero yo siempre prefería ver los programas antes mencionados, o en su defecto ponía en el DVD videos de salsa, cumbia, zumba y demás y me
ponía a bailar, y me encerraba en mi cuarto para así evadir a los adultos y no
darles explicaciones que nunca entenderían ya que para ellos lo que hacía
sería algo raro y ya.
...Pero
no es mía la culpa. Las personas mayores me desanimaron de mi carrera de pintor
a la edad de 6 años y no había aprendido a dibujar otra cosa que boas cerradas
y boas abiertas.
Algo similar a lo que dice
esta frase me sucedió a mí…
Primero los adultos que no
me dejaban bailar porque era algo raro, y después decían que yo no servía para
bailar y que de eso nadie podría vivir, al pasar a la secundaria el maestro de
artes nos empezó a poner danza de concheros y al hacer su selección, a varios,
entre ellos yo nos dijo que nosotros no servíamos para bailar y que nos fuéramos
al salón y que después nos pondría un trabajo para poder pasar su materia.
Esto me desanimo más de lo
que ya estaba, y por algunos años se fueron de mí esas ideas de bailar, solo me
dedique a tener buenas calificaciones y a fijarme en tolo lo relevante a las
otras materias menos en la de artes y en especial en lo de danza.
Cuando
el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer.
Llegando al bachiller
teníamos que entrar a una materia optativa de las cuales teníamos que escoger
entre serigrafía, dibujo, artes marciales y danza, yo escogí la de serigrafía
ya que para mí el hecho de bailar era imposible por todo lo sucedido
anteriormente, pero resulta que la maestra que impartiría el curso de
serigrafía, solo llego a una clase y de ahí jamás se apareció, entonces como la
mayoría de mis compañeros y compañeras iban a danza pues un día decidí
acompañarlos a su ensayo.
Su instructor era un Maestro
ya algo mayor y con un carácter muy especial, el día que decidí asistir me
senté en las bancas de descanso, al empezar su ensayo el maestro me vio sentado
y me grito “TU, PARATE” y yo me quede todo frio y pues me pare y me volvió a
hablar y me dijo “aquí nadie se viene a sentar así que a bailar” y yo asustado
pero también por dentro con las infinitas ganas de bailar pues obedecí, y así
fue como regrese ensayo tras ensayo hasta que entre a su compañía y pues
gracias a él me di cuenta que todo lo que decían de mí no era cierto, solo
faltaba que alguien me alentara a hacerlo para darme cuenta de las cosas.

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