lunes, 17 de febrero de 2014

EL PRINCIPITO
Antoine de Saint

“Las personas mayores nunca pueden comprender algo por si solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones”
Recuerdo que cuando era niño, me gustaba mucho bailar, ver programas culturales y cosas afines, para mi padre, y  demás personas adultas esto era algo “raro” por así decirlo ya que decían que no es normal que un niño de  mi edad (entre 6 y 12 años)  se interesara por algo tan aburrido como eso, me decían que saliera a jugar futbol, con la bicicleta o jugara algo acorde con mi edad pero yo siempre prefería ver los programas antes mencionados, o  en su defecto ponía en el DVD  videos de salsa, cumbia, zumba y demás y me ponía a bailar, y me encerraba en mi cuarto para así evadir a los adultos y no darles explicaciones que nunca entenderían ya que para ellos  lo que hacía  sería algo raro y ya.

...Pero no es mía la culpa. Las personas mayores me desanimaron de mi carrera de pintor a la edad de 6 años y no había aprendido a dibujar otra cosa que boas cerradas y boas abiertas.
Algo similar a lo que dice esta frase me sucedió a mí…
Primero los adultos que no me dejaban bailar porque era algo raro, y después decían que yo no servía para bailar y que de eso nadie podría vivir, al pasar a la secundaria el maestro de artes nos empezó a poner danza de concheros y al hacer su selección, a varios, entre ellos yo nos dijo que nosotros no servíamos para bailar y que nos fuéramos al salón y que después nos pondría un trabajo para poder pasar su materia.
Esto me desanimo más de lo que ya estaba, y por algunos años se fueron de mí esas ideas de bailar, solo me dedique a tener buenas calificaciones y a fijarme en tolo lo relevante a las otras materias menos en la de artes y en especial en lo de danza.



Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer.
Llegando al bachiller teníamos que entrar a una materia optativa de las cuales teníamos que escoger entre serigrafía, dibujo, artes marciales y danza, yo escogí la de serigrafía ya que para mí el hecho de bailar era imposible por todo lo sucedido anteriormente, pero resulta que la maestra que impartiría el curso de serigrafía, solo llego a una clase y de ahí jamás se apareció, entonces como la mayoría de mis compañeros y compañeras iban a danza pues un día decidí acompañarlos a su ensayo.
Su instructor era un Maestro ya algo mayor y con un carácter muy especial, el día que decidí asistir me senté en las bancas de descanso, al empezar su ensayo el maestro me vio sentado y me grito “TU, PARATE” y yo me quede todo frio y pues me pare y me volvió a hablar y me dijo “aquí nadie se viene a sentar así que a bailar” y yo asustado pero también por dentro con las infinitas ganas de bailar pues obedecí, y así fue como regrese ensayo tras ensayo hasta que entre a su compañía y pues gracias a él me di cuenta que todo lo que decían de mí no era cierto, solo faltaba que alguien me alentara a hacerlo para darme cuenta de las cosas.













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